VISITAS A MEXICO
 
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VISITAS A MEXICO DE KAROL WOJTYLA
El Peregrino del Amor y la Esperanza encontró un México siempre fiel en cada una de sus visitas al país durante 1979, 1990, 1993, 1999 y 2002. Esas eran sus palabras de reconocimiento a un pueblo que quedó marcado con sólo verlo en su peregrinar o escucharlo en las urbes donde se presentó
En 1990, con el que fuera Presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, el pontífice regresó a tierra azteca.

Pese a los dolores producto del atentado que sufrió y del par de operaciones a las que fue sometido, Karol Wojtyla inició una segunda visita a México, enmarcada en la gira que abarcó Curazao y Brasil.

En esa ocasión visitó la ciudad de México, Veracruz, Aguascalientes, San Juan de los Lagos, en Jalisco, Durango, Chihuahua, Monterrey, en Nuevo León, Tuxtla Gutiérrez, en Chiapas, Villahermosa, en Tabasco y Zacatecas.

Tiempo después, en agosto de 1993, ya avanzadas las negociaciones para restablecer las relaciones diplomáticas con la Iglesia, se dio una tercera visita del Vicario de Cristo al país, en un ambiente trastocado por la muerte del cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, en el aeropuerto de Guadalajara, tres meses antes.

En el aeropuerto de Mérida, Yucatán, el Peregrino Viajero fue recibido por el presidente Salinas de Gortari y por primera vez un mandatario mexicano se dirigió hacia la cabeza de la Iglesia Católica como Su Santidad, lo cual mandó una señal hacia el inminente restablecimiento de la relación diplomática.

Un año después de cumplirse cinco siglos del descubrimiento de América y del inicio de la evangelización, el Santo Padre enfocó sus discursos en Izamal, Yucatán, a los indígenas y al respeto a todas las etnias de la región, sin imaginar que un año después surgiría en Chiapas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), con raíces autóctonas.

Seis años más tarde, en el gobierno del Jefe del Ejecutivo Ernesto Zedillo Ponce de León invitó a Juan Pablo II en su calidad de jefe de Estado.

A su llegada al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el 22 de enero de 1999, en un avión de la línea Alitalia, el Papa fue recibido con todos los honores, aunque la formalidad no evitó que de nuevo un presidente de México se dirigiera al líder católico como Su Santidad.

El itinerario fue intenso para el pontífice durante su visita, del 22 al 26 de enero, al Distrito Federal.

Lo mismo sostuvo reuniones multitudinarias en el Autódromo Hermanos Rodríguez y en el Estadio Azteca, que visitó la Basílica de Guadalupe, y no faltó su presencia en un hospital y en la residencia oficial de Los Pinos.

En aquella ocasión, desde el Cerro del Tepeyac, proclamó que el 12 de diciembre no sólo era fiesta para los mexicanos, sino para todo el continente americano, y elevó a la Virgen de Guadalupe como "reina de toda América".

Juan Pablo II pidió entonces: "Virgen de Guadalupe, vela sobre México, vela sobre todo el querido continente americano"; además, clausuró los trabajos del Sínodo de América.

Para su quinto viaje a México, a pesar de su precario estado de salud, sacó "fuerza de flaquezas" y arribo a nuestro país el 31 de julio de 2002.

Así, por primera vez en la historia de México, un Mandatario de la República, Vicente Fox Quesada, se declaró católico y besó el anillo pastoral al obispo de Roma a su arribo a la terminal aérea capitalina.

El jefe de la Iglesia Católica ofició la ceremonia de canonización del indígena Juan Diego para ungirlo como el primer indígena elevado a los altares y el número 464 en su pontificado.

En esa ocasión también beatificó en la Basílica de Guadalupe a los indígenas de San Francisco Cajonos, Oaxaca, Juan Bautista y Jacinto de Los Ángeles, asesinados el 16 de septiembre de 1700.

En estas cinco visitas papales el "México siempre fiel" vio y saludó a Juan Pablo II, incluidos representantes de la clase política, dirigentes empresariales, intelectuales y artistas.

Las porras dedicadas al pontífice siempre estuvieron presentes a su paso: "México católico, siempre fiel", "Juan Pablo II, te quiere todo el mundo", "Juan Pablo amigo, el pueblo está contigo" y "Juan Pablo, hermano, ya eres mexicano."

Este 2 de abril de 2005, las campanas de la Catedral de la ciudad de México llamaban a misa con un solo motivo: para rezar por él.

El padre pidió a los asistentes que oraran con mucha fe y en la Catedral se hizo un silencio respetuoso, y aunque el sentimiento generalizado es de tristeza, la gente no pudo contener las porras para Juan Pablo II, que en sus visitas a México le dio tantas alegrías.


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juan pablo besando tierras mexicanas
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